domingo, 21 de febrero de 2010

Reunión en la carpintería

Sucedió que en cierta carpintería se reunieron las herramientas para arreglar sus diferencias. La mayoría de ellas querían expulsar al martillo, justificando que hacía demasiado ruido y que se pasaba el tiempo dando golpes.

El martillo, herido en su orgullo, aceptó renunciar a condición de que tampoco se le dejase ejercer al tornillo, pues había que darle demasiadas ueltas para que fuese útil.

El tornillo, a su vez, pidió la expulsión de la lija, haciendo ver su aspereza y las fricciones que tenía en su trato con los demás.

Ésta aceptó, pero únicamente si el metro era echado también, ya que siempre medía a los demás según sus marcas, como si él fuese el único perfecto.

En esto estaban, cuando entró el carpintero y, tomando unas toscas tablas de madera, empleó todas y cada una de las herramientas para confeccionar un precioso mueble que pesaba regalar a su esposa.

Cuando finalizó, abandonó la carpintería y las herramientas formaron de nuevo la asamblea. Entonces el serrucho tomó la palabra:

- Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, lo que nos hace valiosos. ¡Fíjense! El martillo es fuerte, el tornillo une, la lija lima asperezas y el metro es preciso y exacto. Y observen, además, el lindo trabajo que, juntos, somos capaces de hacer.

sábado, 20 de febrero de 2010

La cuenta

Un matrimonio con dos hijos salió un viernes a cenar fuera, dejando encargado al mayor, de 12 años, de su hermanito pequeño, que era un bebé. Como le dio bastante trabajo, el niño dejó encima de la mesa una nota que su madre leyó al volver:

"Porque le he dado de comer: dos euros; porque le he dado el biberón: dos euros; porque le he cambiado: cinco euros; porque ha llorado: tres euros; porque he tenido que atenderle mientras dormía: tres euros. Total: quince euros".

La madre tomó quince euros y los dejó en la mesa, pero, cogiendo el papel, apuntó por detrás:

"Por los nueve meses que te llevé en mi vientre: un beso; por las veces que me levanté por la noche para cuidarte: un beso; por los momentos en que te cuidé estando enfermo: un beso; por cubrir tus necesidades: un beso; porque eres lo que más quiero en el mundo: un beso. Total: siempre un beso".

Al día siguiente, cuando el hijo vió la nota, no cogió los quince euros.

viernes, 19 de febrero de 2010

El perro fiel

Una pareja de jóvenes llevaba varios años casados y aunque querían no podían tener hijos. Para no sentirse solos, compraron un cachorro pastor alemán. El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso perro que salvó en más de una ocasión a la pareja de ser atacada por ladrones. Era muy fiel y defendía a sus dueños de cualquier peligro. Ellos le amaban como a un hijo.

Después de siete años de tener al perro, la pareja logró tener el hijo tan ansiado. El matrimonio estaba feliz con su nuevo hijo, lo que repercutió en las atenciones que tenían con el perro. El animal se sintió relegado y comenzó a sentir celos del bebé; ya no era el perro cariñoso y fiel que habían tenido durante siete años.

Un día, los esposos dejaron al bebé durmiendo plácidamente en su cuna y fueron a la terraza. Un rato después, el dueño del perro fue al cuarto del bebé y vio al perro en el pasillo, con la boca ensangrentada y moviendo la cola. Casi sin pensar, sacó un arma y en el acto mató al perro. Luego corrió al cuarto del bebé y encontró una gran serpiente degollada.

Sólo le quedó llorar mientras exclamaba: «¡He matado a mi perro fiel!»

lunes, 15 de febrero de 2010

La carroza vacía

Cierto día, paseaban por el bosque un padre con su hijo.El padre se detuvo en una curva y le preguntó al niño:

- Hijo mío, ¿qué oyes?

- Oigo a los pájaron cantar en los árboles -respondió el aludido.

- ¿Escuchas algo más?

El hijo aguzó el oído y contestó un instante después:

- Oigo también el ruido de una carroza.

- Efectivamente -dijo el padre-. Es una carroza vacía.

- ¿Cómo sabes que está vacía, si sólo oyes el ruido? -preguntó el niño.

- Es muy fácil saberlo: cuanto más vacía está la carroza, mayor es el ruido que hace.

Ese niño creció y se convirtió en adulto, y hasta hoy, cuando ve a una persona hablando demasiado, interrumpiendo inoportunamente a los demás, presumiendo, siendo prepotente... le parece de nuevo oír la voz de su padre: «Cuanto más vacía está la carroza, mayor es el ruido que hace».

domingo, 14 de febrero de 2010

La rana sorda

Un grupo de ranas viajaba por el bosque cuando dos de ellas cayeron en un hoyo profundo, concebido como trampa para cazar conejos. Cuando las demás vieron lo hondo que era el agujero, les dijeron a las dos ranas de abajo que fuesen realistas, jamás podrían salir de allí, ya podían darse por muertas.

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de las de arriba y siguieron tratando de salir fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las demás seguían insistiendo en que era inútil tanto esfuerzo, ya que no podían salir debido a la profundidad del hoyo. Finalmente, una de las ranas, influenciada por lo que las demás decían, se rindió, desplomándose, y murió.

La otra rana continuaba saltando tan fuerte como podía.La multitud de ranas arriba congregada continuaba instándole a que dejara de sufrir y se dispusiera a morir, gritándole que no tenía sentido seguir luchando. Pero la rana saltó cada vez más fuertemente hasta que logró salir del hoyo.

Cuando salió, las otras ranas le dijeron que les alegraba mucho que hubiera logrado salir a pesar de lo que le gritaban. La rana, sin entenderles, les explicó que era sorda y que pensó que las demás le estaban animando a esforzarse más y a salir del hoyo.

jueves, 11 de febrero de 2010

La piedra del camino

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran piedra obstaculizando un camino del bosque bastante transitado. Algunos pasaron bordeándola, saltando por encima de ella o tomando otro camino. Otros culparon al rey por no mantener los caminos despejados, pero nadie hizo nada para retirar la roca.

Un campesino que se dirigía con su mercancía al mercado la vio. Al aproximarse a ella, puso su carga a un lado, en el suelo, y trató de mover la enorme piedra. Después de empujar y fatigarse mucho, consiguió apartarla. Se estaba inclinando para tomar del suelo su carga y continuar su camino cuando vio una gran bolsa en el suelo, justo donde había estado la roca. La bolsa contenía una gran suma de monedas de oro y una nota del rey en la que ponía que el oro era la recompensa para la persona que moviera la piedra del camino.

El campesino aprendió ese día que cada obstáculo puede estar disfrazando una oportunidad.

sábado, 6 de febrero de 2010

El pescador

Un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado junto a su barca contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa después de haber vendido el pescado.

-¿Por qué no has salido a pescar? –le preguntó el hombre emprendedor.

-Porque ya he pescado bastante por hoy –respondió el apacible pescador.

-¿Por qué no pescas más de lo que necesitas? -insistió el industrial.

-¿Y qué iba a hacer con ello? –preguntó a su vez el pescador.

-Ganarías más dinero –fue la respuesta–, y podrías poner un motor nuevo y más potente a tu barca. Y podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… Y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo.

-¿Y que haría entonces? –preguntó de nuevo el pescador.

-Podrías sentarte y disfrutar de la vida –respondió el hombre emprendedor.

-¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? –respondió sonriendo el apacible pescador.

(L. Tolstoi)

jueves, 4 de febrero de 2010

La historia de siempre

Esta es una pequeña historia, la historia de siempre, sobre cuatro personas que se llamaban Todo el Mundo, Alguien, Cualquiera y Nadie. Había que hacer un importante trabajo, y Todo el Mundo estaba seguro de que Alguien lo haría. Podía haberlo hecho Cualquiera, pero Nadie lo hizo. Entonces, Alguien se enfadó porque era un trabajo de Todo el Mundo. Pero Todo el Mundo pensó que Cualquiera podís hacerlo y Nadie sabía que ninguno lo haría. Al final, Todo el Mundo echó la culpa a Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podía haber hecho. La historia de siempre.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La viejecita

Había una vez en un pequeño pueblo una ancianita que jamás hablaba de mal de nadie.

Un día murió un hombre conocido por todos por sus defectos: era holgazán, se emborrachaba frecuentemente y robaba; además, pegaba a su mujer y a sus hijos pequeños... ¡una calamidad de hombre, un estorbo para los demás!

El día en que murió la viejecita llegó a la sala del tanatorio donde velaban al difunto. Todos los que estaban allí pensaron: "Seguro que de éste no dice nada bueno". La ancianita se quedó un momento callada, como pensando, y dijo al fin:
- Silbaba muy bien... Por las mañanas daba gusto oírle cuando pasaba por debajo de mi ventana. Lo echaré de menos.