Mostrando entradas con la etiqueta flor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta flor. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de noviembre de 2013

Semillas

Un hombre cogía cada día el autobús para ir al trabajo. Una parada después, una anciana subía al autobús y se sentaba al lado de la ventana. La anciana abría una bolsa y durante todo el trayecto iba tirando algo por la ventana. Siempre hacía lo mismo y un día, intrigado, el hombre le preguntó qué era lo que tiraba por la ventana.

-Son semillas - le dijo la anciana.

-¿Semillas? ¿Semillas de qué?

-De flores. Es que miro fuera y está todo tan vacío... Me gustaría poder viajar viendo flores durante todo el camino. ¿Verdad que sería bonito?

-Pero las semillas caen encima del asfalto, las aplastan los coches, se las comen los pájaros...-repuso él- ¿Cree que sus semillas germinarán al lado del camino?

-Seguro que sí. Aunque muchas se pierdan, alguna acabará en la cuneta y, con el tiempo, brotará.

-Pero tardarán en crecer, necesitan agua...

-Yo hago lo que puedo hacer. ¡Ya vendrán los días de lluvia!

La anciana siguió con su trabajo ... Y el hombre bajó del autobús para ir a trabajar, pensando que la anciana había perdido un poco la cabeza.

Unos meses después, yendo al trabajo, el hombre, al mirar por la ventana, vio todo el camino lleno de flores: ¡todo lo que veía era un colorido y florido paisaje!

Se acordó de la anciana, pero hacía días que no la había visto, y preguntó por ella al conductor:
-¿La anciana de las semillas? -dijo el aludido-. Pues, ya hace un mes que murió.

El hombre volvió a su asiento y siguió mirando el paisaje. «Las flores han brotado», se dijo, «pero ¿de qué le ha servido su trabajo? No ha podido ver su obra». 

De repente, oyó la risa de una niña pequeña. La niña señalaba entusiasmada las flores...

sábado, 29 de agosto de 2009

La vasija agrietada

Un campesino tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y llevaba encima de los hombros para cargar agua cada día. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba todo el agua al final del largo camino que habñia desde el arroyo a la casa del campesino. Sin embargo, la vasija rota llegaba con la mitad del agua que cargaba.

La vasija perfecta estaba muy orgullosa de cumplir con el fin para el que estaba destinada. La tinaja agrietada, por el contrario, estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía llegar con la mitad del agua, y suponía que su obligación era llegar con toda el agua. Un día, al volver del arroyo, le dijo al campesino:

- Estoy avergonzada y quiero disculparme, porque debido a mis grietas sólo puedes llegar a casa con la mitad del agua, y dispones de la mitad de la que deberías tener.

Pero él le respondió:
- Cuando regresemos a casa, quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

La vasija vio, en efecto, que multitud de flores hermosas crecían a lo largo de todo el trayecto, pero continuó sintiéndose muy triste porque al llegar a casa solo había transportado, como de costumbre, la mitad del agua. El campesino le dijo entonces:

- ¿Te has dado cuenta? Las flores solo crecen en tu lado del camino. Yo ya tenía conocimiento de tus grietas y me aproveché de ello: sembré semillas de flores a lo largo de todo el camino por donde vas y todos los días las has regado, y yo he podido recogerlas y entregárselas a mi preciosa y querida esposa. Si no fueras exactamente como eres, con todos tus defectos, no hubierasido posible crear esta belleza.