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viernes, 20 de julio de 2012

El idioma de Dios

¿Te has dado cuenta? 

Desde que nace, un niño aprende el idioma de sus padres, incluso descubre los acentos propios de la región y el país donde vive. Es muy fácil reconocer a un argentino, a un español o a un colombiano cuando habla, por su acento especial.

Al crecer aprendemos nuevos idiomas: El idioma de los jóvenes, el idioma de los estudiantes y luego el idioma de nuestro oficio: el idioma de los médicos, el idioma de los abogados, el idioma de los banqueros, el idioma de los obreros, el idioma de los comerciantes...

En el camino dejamos olvidado el más importante de los idiomas. Aquél que nos transmitieron nuestros padres con sus abrazos y sus consejos. El que aprendimos en Misa, en las clases de catecismo. El Idioma de Dios.

Solía pensar que el idioma de Dios era la oración. Pero estaba equivocado. Me convencí que la oración es, como decía el Padre Pío, “la llave que abre el Corazón de Dios”. 

Con los años me di cuenta de que el idioma de Dios yace olvidado en nosotros, adormecido. Y Dios anhela escucharnos en su propio idioma. Dios es nuestro Padre y nosotros sus hijos, por lo tanto debemos hablar en su idioma.

El idioma de Dios es el amor, porque Dios es Amor.

Si habláramos el Amor, todo sería diferente. No habría discusiones innecesarias, ni pleitos, ni odios, ni personas maltratadas. Todos nos comportaríamos como hermanos, sin necesidad que alguien traduzca lo que decimos o que tengamos que pagar cuantiosas sumas por aprender otras lenguas.
“¡Mirad cómo se aman!”, decían de los primeros cristianos porque todos al unísono hablaban el mismo idioma y en ocasiones hasta sin hablar se entendían (Jn 13, 34)

El idioma de Dios es tan sencillo que todos lo podemos hablar y reconocernos y comprendernos como en los inicios de nuestra fe.

Es un idioma que a veces cuesta, pero no es imposible. Basta creer, confiar, poner de nuestra parte,  perdonar, amar, abandonarnos en sus brazos y recordar que Dios es nuestro Padre, por lo tanto nosotros, todos, somos sus hijos.


Claudio de Castro

domingo, 8 de agosto de 2010

El idioma que habla Dios

Cierto día, un joven nacido en Roma preguntó a los ancianos cuál era el idioma en el que hablaba Dios.
- Dios habla en latín, por supuesto - le respondieron

Mas el joven no quedó satisfecho con la respuesta. ¿Cómo, si no, entenderían a Dios el resto de los pueblos, si hablaba en su lengua? No contento con eso, decidió salir al mundo a hallar la respuesta. Fue a Persia y le dijeron que Dios hablaba en la lengua persa; descontento, fue a Arabia, pero le aseguraron que hablaba árabe; en la India, para su angustia, le dijeron que el idioma de Dios era el hindi; y así con todos los países que visitó.

Abatido por no encontrar una respuesta a la pregunta que le obsesionaba, comenzó a vagar sin rumbo fijo. Una noche apacible, cansado de andar por un desierto, buscó refugio en una pequeña gruta de pastores. En un rincón, junto a unos animales, había una muchacha, con su hijo recién nacido apoyado en el pesebre. El joven se acercó y le susurró:
- ¿Tú no sabrás qué idioma habla Dios, verdad?

Ella, sonriendo, miró su hijo y después al joven y le respondió:
- Por supuesto que sí. Dios habla el idioma del Amor.