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domingo, 30 de junio de 2013

Miedo a la libertad

En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces:
-Podéis elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa.

Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo:
-Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?

-Dime soldado -respondió este.

-¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?

-Ve y mira tú mismo -respondió el rey.

El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente... y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abría sobre un camino que conducía a la libertad.

El soldado admirado miró a su rey que le decía:
-Yo les daba la elección, pero preferían morir que arriesgarse a abrir esta puerta.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

En el campo de batalla

En plena batalla, un soldado le dice a su teniente:

- Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarle.

- ¡Permiso denegado! -replicó el teniente-. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente esté muerto.

El soldado, haciendo caso omiso de la orden del teniente, salió al campo de batalla y regresó un rato después, moribundo, con el cadáver de su amigo en brazos. El teniente estaba furioso:

- ¡Ya le dije que había muerto! Dígame, ¿merecía la pena arriesgar su vida para traer un cadáver?

El soldado, agonizante y a punto de morir, hizo un esfuerzo por decir unas palabras:

- Claro que mereció la pena, señor… Cuando le encontré todavía estaba vivo y pudo decirme: «Estaba seguro de que vendrías…»