Cuenta la leyenda que cierta noche la serpiente comenzó a perseguir a la luciérnaga. Al percatarse el insecto, comenzó a huir por el aire, volando con rapidez lejos de la voraz depredadora.
Pasaron toda la noche en tal persecución, sin rendirse ninguna, hasta que la luciérnaga, ya sin fuerzas, se posó sobre una rama y, mientras ascendía el reptil, le dijo:
- ¿Por qué me persigues, si no formo parte de tu dieta? ¿Te he hecho algún mal, para que busques devorarme?
- No -contestó la serpiente-, pero es que no soporto verte brillar...
Textos para pensar sobre la vida y el camino hacia Dios. Lecturas de reflexión para jóvenes.
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miércoles, 18 de abril de 2018
sábado, 20 de abril de 2013
¿Águila o gallina?
Un
guerrero indio se encontró un huevo de águila, lo recogió del suelo y lo colocó en el nido de una gallina. El resultado fue que el aguilucho
se crió junto a los polluelos.
Un día vio que un ave majestuosa planeaba por el cielo despejado. Volaba sin casi batir sus resplandecientes alas dejándose llevar gallardamente por las corrientes de aire.
-¡Qué hermosa ave! -le dijo a la gallina que se hallaba a su lado-. ¿Cuál es su nombre?
-Aguila, la reina de las aves - le contesto ésta-. Pero no te hagas ilusiones: nunca serás como ella.
El águila dejó, en efecto, de prestarle atención.
Murió creyendo que era gallina.
domingo, 14 de noviembre de 2010
La lección de la mariposa
Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo. Un hombre se sentó junto a él y observó durante varias horas cómo la mariposa se esforzaba tratando de que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. Le pareció que ella solaya no lograría ningún progreso. Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguí agrandarlo. Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó unas tijeras y cortó el resto del capullo.
La marposa entonces, salió facilmente. Pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El hombre continuó observándola porque él esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrirían, y se agitarían, y serían capaces de soportar el cuerpo, que a su vez se iría fortaleciendo.
Pero nada de eso ocurrió. La realidad es que la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo deforme y unas alas atrofiadas. Nunca fue capaz de volar. Lo que aquel hombre no comprendió, a pesar de su gentileza y su voluntad de ayudar, era que aquel capullo apretado que observaba aquel día, y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de esa pequeña abertura, era el modo por el cual la naturaleza hacía que la salida de fluidos desde el cuerpo de la mariposa llegara a las alas, de manera que fuera capaz de volar una vez libre del capullo.
En su afán de ayudar, de evitar un esfuerzo, o un sufrimiento, la había dejado lisiada para toda la vida.
La marposa entonces, salió facilmente. Pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El hombre continuó observándola porque él esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrirían, y se agitarían, y serían capaces de soportar el cuerpo, que a su vez se iría fortaleciendo.
Pero nada de eso ocurrió. La realidad es que la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo deforme y unas alas atrofiadas. Nunca fue capaz de volar. Lo que aquel hombre no comprendió, a pesar de su gentileza y su voluntad de ayudar, era que aquel capullo apretado que observaba aquel día, y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de esa pequeña abertura, era el modo por el cual la naturaleza hacía que la salida de fluidos desde el cuerpo de la mariposa llegara a las alas, de manera que fuera capaz de volar una vez libre del capullo.
En su afán de ayudar, de evitar un esfuerzo, o un sufrimiento, la había dejado lisiada para toda la vida.
Pedí fuerzas y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte. Pedí sabiduría y Dios me dio problemas para resolver. Pedí coraje y Dios me dio obstáculos que superar. Pedí amor y Dios me dio personas para ayudar. Pedí favores y Dios me dio oportunidades. Quizá incluso no recibí nada de lo que pedí, pero recibí todo lo que precisaba.
domingo, 10 de octubre de 2010
El halcón que no volaba
Cierto día, un rey recibió dos pequeños halcones como regalo y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenase para la caza. Pasados unos meses, el maestro informó al rey de que uno de los halcones no se movía de la rama del árbol en que lo habían dejado, a pesar de que el otro ya volaba perfectamente.
El rey mandó llamar a sanadores, cazadores, cetreros y curanderos para que observasen al halcón, pero ninguno de ellos pudo hacer volar al ave, que, tras muchos intentos por parte de sabios y expertos, continuaba inmóvil en la rama.
Casi desesperado, el rey prometió una recompensa a la persona que hiciera volar al ave. A la mañana siguiente vio con sorpresa a los dos halcones volando por los jardines velozmente. El rey ordenó que llevasen ante él de inmediato al responsable de tal prodigio y, asombrado, comprobó que no era sino un campesino. El rey le preguntó:
- ¿Cómo lograste hacer que mi halcón volase?
El campesino, algo intimidado, respondió:
- Fue fácil, mi señor. Corté la rama del árbol, el halcón se dio cuenta de que tenía alas y voló.
El rey mandó llamar a sanadores, cazadores, cetreros y curanderos para que observasen al halcón, pero ninguno de ellos pudo hacer volar al ave, que, tras muchos intentos por parte de sabios y expertos, continuaba inmóvil en la rama.
Casi desesperado, el rey prometió una recompensa a la persona que hiciera volar al ave. A la mañana siguiente vio con sorpresa a los dos halcones volando por los jardines velozmente. El rey ordenó que llevasen ante él de inmediato al responsable de tal prodigio y, asombrado, comprobó que no era sino un campesino. El rey le preguntó:
- ¿Cómo lograste hacer que mi halcón volase?
El campesino, algo intimidado, respondió:
- Fue fácil, mi señor. Corté la rama del árbol, el halcón se dio cuenta de que tenía alas y voló.
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