sábado, 15 de octubre de 2016

El pastel de la abuelita

Un joven estudiante, agobiado por los problemas de la vida diaria, decidió ir a visitar a su abuela, a la que quería mucho y apreciaba por sus sabios consejos. Cuando llegó a su casa, la ancianita estaba cocinando un pastel. Se sentó con su nieto, y el muchacho comenzó a contarle lo mal que le iba todo: sentía que sus esfuerzos en los estudios eran baldíos, faltaba comunión en la familia, los problemas económicos eran cada vez mayores y, para colmo, su salud estaba delicada.

La abuela escuchaba atentamente mientras el pastel se horneaba. Cuando el joven terminó de desahogar todas sus desgracias, su abuela le preguntó si quería comer alguna cosa.
-Por supuesto, abuela -contestó él agradecido, consciente de que frecuentemente los postres de su abuela hacía que uno se sintiera menos desdichado.

-¡Estupendo! Te serviré un buen puñado de harina -dijo ella.

El muchacho se quedó estupefacto:
-Pero abuela..., ¿cómo voy a comer harina?

-¿Te apetecería entonces un vasito de aceite para cocinar? -repuso con expresión inocente la anciana

-¡Para nada! ¡Qué horror! -respondió él, incrédulo

-De acuerdo..., te serviré entonces un par de huevos sin cocinar

-Abuela, ¡pero si todo eso no se puede comer!

Entonces la sabia ancianita le dijo:
-Tienes razón. Nada de eso se puede ingerir por sí solo, resultaría malo para nuestra digestión. Únicamente cuando todas ellas se mezclan en su justa proporción, podemos cocinar la masa de un delicioso pastel. Querido muchacho, Dios es como un pastelero que pone los ingredientes necesarios para hacer un delicioso plato, que a veces tarda mucho en cocinarse y tenemos que esperar para poder degustarlo. Muchas veces nos preguntamos por qué permite circunstancias y momentos de tanto sufrimiento. Pero Él sabe perfectamente cómo ordenar todo esto, que parece insoportable, para que, en la medida perfecta, sean para nuestro bien. Él es el "maestro pastelero": solamente tenemos que confiar en Él y, en su momento, comprobaremos cómo lo que parecía horrible ha conformado algo maravilloso.

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