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martes, 8 de agosto de 2017

La ruta establecida

Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, líder de un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros seguir por allí.

Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.

Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.

Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección.

Autor: Paulo Coelho. Publicado en "El Semanal", nº 729

domingo, 11 de marzo de 2012

Las raíces del laurel

Había en cierto lugar un bosquecillo con arroyos de agua fresca y cristalina. La variedad de árboles era inmensa, y todos ellos buscaban crecer, ser más fuertes y llenarse de flores perfumadas en primavera, pero aunque no les preocupaba echar raíz.

Sin embargo, un laurel dijo:
- Yo prefiero gastar toda mi savia en tener una buena raíz, para crecer y ofrecer mis hojas a todos los que las necesiten.

Los otros árboles, orgullosos de su belleza y colorido, se admiraban a sí mismos y se reían del laurel, que hubo de oír en todo momento las burlas de los otros, que le decían:
- Laurel, ¿para qué quieres tener una gran raíz? Fíjate, a nosotros nos admiran por nuestra belleza, no necesitamos tener apenas raíz para tener un follaje tan abundante y colorido que merezca la alabanza de todos. ¡Deja de pensar en lo que los otros puedan necesitar, preocúpate de ti mismo!

Pero el laurel deseaba amar alos demás y siguió preocupándose de tener unas raíces fuertes.

Un día, vino un gran temporal, con lluvias y fuertes vientos que sacudió todo el bosque. Los riachuelos desbordaron y el agua inundó gran parte del terreno. En los árboles, incluso los más grandes, sopló el viento con gran fuerza y, sin que pudieran hacer nada para evitarlo, los derribó, arrancándolos y tumbándolos. En cambio, el pequeño laurel, como tenía una gran raíz y pocas ramas, simplemente perdió algunas hojas, por lo que todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos difíciles no son las apriencias, sino lo que está oculto en las raíces, en el corazón mismo, en el alma.