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domingo, 13 de enero de 2013

El alpinista

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar la más alta montaña, inició su travesía, después de años de preparación, pero quería la gloria para él sólo, por lo tanto subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde. Decidido a conquistar lo antes posible la cima, no acampó, sino que continuó escalando.

La noche cayó con gran pesadez y la visibilidad disminuyó hasta que todo se volvió completamente negro. El escalador, no obstante, continuó en su empeño por alcanzar la cima. En un determinado momento, resbaló en un saliente nevado de la roca y comenzó a caer. Afortunadamente, había clavado estacas de seguridad mientras subía, por lo que al cabo de unos horribles momentos de caída en el vacío, sintió un tirón fuerte y quedó colgado de una gruesa soga. Todo quedó en silencio. En ese terrible momento, no pudo sino gritar:
-¡Dios mío, ayúdame! ¡Ayúdame! ¡¡Por favor, sálvame!!
Una voz grave y profunda surgió del cielo:
-¿Realmente crees que te pueda salvar?

-¡Sí, Dios mío!

-Entonces, ¡corta la cuerda!

Hubo un momento de quietud y silencio. El hombre reflexionó un instante y se aferró más a la cuerda.

Al cabo de dos días, un equipo de rescate encontró muerto al alpinista. Estaba congelado, agarrado con ambas manos a la cuerda... a dos metros del suelo.

domingo, 1 de abril de 2007

La elección de cruz

Había una vez un hombre que no quería cargar con su cruz. Se quejaba continuamente a Dios porque creía que su cruz era muy pesada y muy difícil de llevar. Entonces Dios le llevó a un monte lleno de cruces de madera de todos los tamaños y formas: con nudos, lisas, grandes, astilladas, pulidas... de todo tipo. El Señor le dijo:

-¿Ves todas estas cruces? Ya que no queres cargar con la tuya, escoge la que quieras para cargarla sobre tus hombros.

El hombre fue caminando entre las cruces. Había muchísimas y no sabía cuál escoger. Al principio, vio algunas que parecían impecables, pero si se fijaba descubría algún muñón o astilla. Después de pasear entre muchas cruces vio una de tamaño medio, muy bien pulida. Pensó que si llevaba esa le iba a pesar muy poco, mucho menos que la que había llevdo hasta entonces. Y le dijo al Señor que quería llevarse aquella.

-¿Seguro que quieres llevarte esa y no otra? - le preguntó Dios, y el hombre asintió.

Entonces el Señor le explicó que la cruz que acababa de escoger era la misma que tenía antes y, comparada con las que había en el monte, era la más ligera y, teniendo a Dios, la más fácil de llevar.